domingo, enero 11, 2015

J'en ai marre

No escribo en mi blog desde hace casi un año. La falta de tiempo me ha hecho preferir el FaceBook.
Hoy necesito escribir más.
Para decir que estoy harto. Y declaro  mi particular estado de beligerancia permanente contra la intolerancia. Utilizando mi derecho a ser contradictorio conmigo mismo,  me declaro intolerante contra la intolerancia.
Desde el miércoles tengo una marea de sentimientos que me bullen en el estómago y el corazón. No me dejan pensar en el trabajo y me encierro en el despacho, a realizar trabajos de rutina.  Cuando llego a casa me tumbo en el sofá y repaso reglamentos.
Y ya lo he encontrado, el gusano que me roía: no aguanto más y tengo que ponerlo por escrito. La relatividad cultural no existe. Los valores de la Revolución Francesa, Igualdad, Libertad, Fraternidad, sí son superiores. Nuestra forma de vivir puede que no sea perfecta,  que quede mucho por matizar. Pero entre la Sharia, el Estado Islámico (Islamista, mejor) y nuestra muy imperfecta democracia; entre,  si me apuran, nuestros corruptos y sus imanes, sí hay diferencia. Lo nuestro es más ético. Al menos el corrupto lo podemos trincar, y es poco probable que mande a sus secuaces a liquidarnos con un Kálashnikov (léase /kálashnikov/ y no /kalashnikóv/, por favor)
Estoy harto de los pañuelos que, al esconder el pelo de la mujer, me recuerdan el velo que mi madre no llevaba el primer día que quiso ir a misa en Sevilla y no le dejaron entrar.
Estoy harto de que una mujer dependa de su padre o de su marido,  o del hermano del marido.
Estoy harto de que quién llega a un país que lo acoge quiera imponer su forma de vida poco ética, sus valores y actitudes sociales.
Estoy harto de quiénes opinan que todo en cultura es relativo,  que se puede ir al encuentro de las civilizaciones. No, que venga la inferior a la más ética. Y no al contrario. Sin complejos: la civilización europea es mejor, en castellano llano,  que se entienda bien, sin rodeos.
Estoy harto de lo políticamente correcto. De no poder llamar las cosas por su nombre. De no poder decir que aquellos que opinan que la mujer no puede estudiar, que el hombre debe llevar barba, que a los homosexuales hay que colgarlos alto y corto o que a las niñas hay que arrancarle el clítoris (nótese las diferentes formas de tratar a las personas según el sexo,  por favor) no se les puede tratar como bestias pardas y ni siquiera burlarnos de sus profetas.
Y que no se equivoque nadie,  que no hablo del capitalismo, que es un sistema económico. Hablo de los valores de aquellos hombres, mujeres, niños y niñas que,  en su día, tomaron La Bastille.

Estoy harto de los racismos de toda especie también. De aquellos a quienes que alguien se llame Mohamed o Iñaki les hace pensar en terroristas. De los que dicen que todos los rumanos son ladrones, los negros la tienen muy grande, los funcionarios somos unos vagos,  los políticos todos unos ladrones...

Ni soy ni dejo de ser Charles Hebdo. Ellos hacen su trabajo,  yo el mio. Ahora quien definitivamente no soy es el que empuña el Kálashnikov porque alguien se burla del profeta. Ya vale. No tenéis, los del Kálashnikov, sitio en este mundo. Idos a la Luna, que el profeta y vuestro Allah os den de respirar. Y haceos acompañar por los demás de vuestra calaña, por los Roucos,  los Bushes, Aznares y todos los demás intolerantes y racistas de este mundo. Id todos en comandita a que os den por culo.

¡Qué tranquilo me quedo!