sábado, octubre 24, 2015

¿Por qué no se debe exigir el aprendizaje de la lectoescritura en infantil?

Algunas de las razones que dan para pensar que un niño que termina infantil sin saber leer y escribir lo tiene que atender el EOE, o poco menos.

Es que los padres nos lo demandan.

Es que si un niño puede, no se lo vamos a negar.

Es que las fichas de los libros y los métodos nos lo piden.

Es que son tan monos y se ponen tan contentos...

Y así ad nauseam.

Veamos. Primero la norma: la norma únicamente exige que se le proporcione a los niños una primera aproximación a la lectoescritura. En ningún sitio, salvo en el credo del que piensa que la educación formal es una carrera de cochecitos, se dice que un niño de cinco años tenga que saber leer, escribir o las cifras, sumar, y los reyes godos.

Aunque éste debería ser argumento suficiente, no lo es. No lo es por dos razones principales y que no voy a explicar de manera exhaustiva. Ni ganas. La primera es la dramática rebeldía del funcionario docente ante la norma. Rebeldía que se manifiesta, claramente, en que pasa de conocerla. La segunda apoya , fundamenta y aclara la primera en parte. ¿Cómo va el funcionario español llegar a respetar una normativa que se hace sin contar con él, a sus espaldas, al capricho del mandatario - que no gobernante - de turno, a lomos de ola de la moda, sin dinero con la que aplicarla?

Si los padres lo piden, ahí estamos nosotros, los profesionales,  para decirles que los que sabemos de esto somos nosotros. Que dejen de comparar a unos niños con otros, que cada niño es un mundo y que no por mucho correr amanece más temprano. Que los niños a partir de cuarto, de tercero, pagan la presión por ser lectores y escritores tempranos con faltas de ortografía, incapacidad expresiva y odio a la letra.

Si un niño lo pide,  no se lo niegues. Ni lo fuerces. Que los niños aprenden a leer cuando les llega el momento, hasta en contra del maestro. Sugiere, busca, dale. Pero no lo pongas de ejemplo, no lo hagas un triunfador prematuro de una vida que ya tendrá tiempo de ser carrera. Tanto que se nos llena la boca con la infancia feliz. Dejadlos ser felices. Protejamos al que aprende a leer prácticamente solo y al que ya leerá. Aquí recordar que esa despreciada norma nos dice que hasta final de segundo hay tiempo. Seamos tortugas, no liebres. Y a la tortuga de carreras, ancho campo.

¿Que los métodos nos lo piden? A la m...a con ellos. ¡Cómo no hay cosas que hacer en una clase de infantil que no necesita de textos escritos por gente que no ha pisado nunca NUESTRA clase!

¿Que se ponen contentos? Claro, por supuesto,  faltaría más,  hasta ahí podríamos llegar. El niño está cumpliendo las expectativas de sus adultos de referencia. De su maestro y de sus padres. Sabe que es lo que más se le valora. No importa que coja el lápiz como un mango de azada. No importa si lo ha hecho mientras con la otra mano torturaba al de al lado. Lo que importa es que en esas líneas quebradas se adivina que pone MARIA. Aunque pobrecilla si pone MARAI. ¡La dislexia acecha!

Y también está la náusea del maestro que le gusta el primero de primaria. Y que se encuentra con niños que leer, digamos que saben, escribir y cuentas, digamos que saben. Pero que va a luchar hasta desesperarse con niños que lo de sentarse, regular; lo de escuchar, regular; lo de hablar,  regular; lo de la autonomía personal, regular; levantarse a hacer pipí,  uno por minuto; respetar el material, cero. Correr, jugar, sonreír, organizarse, respetar al diferente, colaborar, sentirse parte de un grupo, regular.

Pero hay otros argumentos. No soy psicólogo, por lo que no voy a dar argumentos psicológicos,  aunque haberlos haylos.
Lo que soy es maestro. Y después de más de treinta años de profesión, en los que he pasado por todos los puestos y he dado clase a niños de toda edad, voy a hablar como maestro de primero de primaria, de EGB o como quiera llamarlo el mandamás de turno. Vamos, de maestro de los que teníamos que enseñar a leer y escribir, los números, las formas geométricas, las primeras cuentas. Y también, que lo de los parvulitos no estaba tan extendido como ahora las escuelas infantiles, a sentarse, a escuchar, a respetar el turno de palabra, a coger el lápiz, a soltar el biberón, a abrir el cuaderno. A estar en clase y que lo negro eran las letras y el blanco de la página tenia que estar lo más limpio posible.

No había fotocopiadoras. Ni fichas. Bendita fue su ausencia.

Ahora los niños pasan tres años aprendiendo de todo. ¿O no?

Aprenden a escribir su nombre pero, ¿cogen bien el lápiz? ¿Siguen una línea? Una maestra abogaba delante mía por no enseñar la letra escrita unida. Que las escriban sueltas, decía. Me sentí caer bajo el peso del desconcierto. Si no manejas tu escritura siquiera, ¿cómo manejarás el muy complejo tablero de autoCAD en tres dimensiones que es la vida? No supe qué responder. Me pudo el desconcierto.

Aprenden con Pipo pero, ¿han sembrado en el huerto?

Hacen fichas y fichas. Cientos de ellas pero, ¿se sientan correctamente? Comparten el trabajo o viven en soledad compartida en clase?

Y otros muchos interrogantes que me llevaré a casa cuando no vaya al cole.

Menos mal que nos queda la asamblea de la mañana.

sábado, junio 27, 2015

De presidente de tribunal de oposiciones

Para el opositor las oposiciones son una especie de "Juegos del Hambre".
Salvemos de esos Juegos a aquellos que son interinos y, al estilo de burla,  te entregan una hoja dentro del sobre (la de pegar etiqueta) en blanco. O, como el presidente del tribunal recalca lo de numerar las hojas, con un 1. Triste, aislada, la cifra pide disculpas desde su soledad.
Se han preparado, nótese, durante meses en academias de lujo donde les han machacado con lo de: "sea cuál sea el tema, calza la introducción y un listado de bibliografía y la normativa"
Se han aprendido los días, fechas, nombres. No importa si durante el desarrollo del escrito no vienen a cuento.
Google, poderoso aliado del corrector, comprueba con desconsuelo que las citas no se corresponden  con el autor mencionado. O que,  en afán por escribir en francés de la Francia de los franceses, cometen el pecado del traduttore, tradittore. Listas tremendas de libros no mencionados se acompañan de índices que podrían ser válidos, si no acompañaran a esa prueba en concreto.
Otros se empeñan en, donde se pide una definición y su aplicación en la clase, colocar un tratado de lexicología, tan agradable a leer como un enema.
Alguno se relaja, al comprobar que su preparación no llega y cuenta no sé sabe muy bien qué de un ratón (no de ordenador, aclara, no se sabe si con ingenuidad o con ironía)  una trampa y algo de queso.

Y el que corrige lee, durante horas. Más allá de lo insoportable.

De cuando en cuando el bálsamo de un examen limpio, con márgenes, en francés de la francofonía,  le relaja; no se sabe porqué suelen coincidir con aquéllos que no sólo presentan bien, sino que dicen bueno y coherente. Limpio, en su justa medida, contestando a lo que se le pregunta. Y piensa que le gustaría trabajar con el opositor el curso próximo. Hemos dado con uno que salvará el primer juego sin quedar apartado.

El corrector tropieza, a continuación, con la letra ilegible, el A4 donde no hubo sitio ni para la etiqueta identificativa. Después de seis o siete horas de corrección de otros escritos,  pierde la vista, intentado no dejar a un lado a alguien que pueda decir algo interesante en esa maraña casi indescifrable de trazos en el papel. A veces es ayudado por el contenido en tan amargo continente. Otras no. El contenido es tan pobre o más que el continente.

El opositor, entre tanto, se muerde todo lo mordible esperando el día de la publicación de notas y convocatoria del oral.

No es justo. Esta no es la manera.

Ángel Martínez, presidente del tribunal X.

domingo, enero 11, 2015

J'en ai marre

No escribo en mi blog desde hace casi un año. La falta de tiempo me ha hecho preferir el FaceBook.
Hoy necesito escribir más.
Para decir que estoy harto. Y declaro  mi particular estado de beligerancia permanente contra la intolerancia. Utilizando mi derecho a ser contradictorio conmigo mismo,  me declaro intolerante contra la intolerancia.
Desde el miércoles tengo una marea de sentimientos que me bullen en el estómago y el corazón. No me dejan pensar en el trabajo y me encierro en el despacho, a realizar trabajos de rutina.  Cuando llego a casa me tumbo en el sofá y repaso reglamentos.
Y ya lo he encontrado, el gusano que me roía: no aguanto más y tengo que ponerlo por escrito. La relatividad cultural no existe. Los valores de la Revolución Francesa, Igualdad, Libertad, Fraternidad, sí son superiores. Nuestra forma de vivir puede que no sea perfecta,  que quede mucho por matizar. Pero entre la Sharia, el Estado Islámico (Islamista, mejor) y nuestra muy imperfecta democracia; entre,  si me apuran, nuestros corruptos y sus imanes, sí hay diferencia. Lo nuestro es más ético. Al menos el corrupto lo podemos trincar, y es poco probable que mande a sus secuaces a liquidarnos con un Kálashnikov (léase /kálashnikov/ y no /kalashnikóv/, por favor)
Estoy harto de los pañuelos que, al esconder el pelo de la mujer, me recuerdan el velo que mi madre no llevaba el primer día que quiso ir a misa en Sevilla y no le dejaron entrar.
Estoy harto de que una mujer dependa de su padre o de su marido,  o del hermano del marido.
Estoy harto de que quién llega a un país que lo acoge quiera imponer su forma de vida poco ética, sus valores y actitudes sociales.
Estoy harto de quiénes opinan que todo en cultura es relativo,  que se puede ir al encuentro de las civilizaciones. No, que venga la inferior a la más ética. Y no al contrario. Sin complejos: la civilización europea es mejor, en castellano llano,  que se entienda bien, sin rodeos.
Estoy harto de lo políticamente correcto. De no poder llamar las cosas por su nombre. De no poder decir que aquellos que opinan que la mujer no puede estudiar, que el hombre debe llevar barba, que a los homosexuales hay que colgarlos alto y corto o que a las niñas hay que arrancarle el clítoris (nótese las diferentes formas de tratar a las personas según el sexo,  por favor) no se les puede tratar como bestias pardas y ni siquiera burlarnos de sus profetas.
Y que no se equivoque nadie,  que no hablo del capitalismo, que es un sistema económico. Hablo de los valores de aquellos hombres, mujeres, niños y niñas que,  en su día, tomaron La Bastille.

Estoy harto de los racismos de toda especie también. De aquellos a quienes que alguien se llame Mohamed o Iñaki les hace pensar en terroristas. De los que dicen que todos los rumanos son ladrones, los negros la tienen muy grande, los funcionarios somos unos vagos,  los políticos todos unos ladrones...

Ni soy ni dejo de ser Charles Hebdo. Ellos hacen su trabajo,  yo el mio. Ahora quien definitivamente no soy es el que empuña el Kálashnikov porque alguien se burla del profeta. Ya vale. No tenéis, los del Kálashnikov, sitio en este mundo. Idos a la Luna, que el profeta y vuestro Allah os den de respirar. Y haceos acompañar por los demás de vuestra calaña, por los Roucos,  los Bushes, Aznares y todos los demás intolerantes y racistas de este mundo. Id todos en comandita a que os den por culo.

¡Qué tranquilo me quedo!

domingo, enero 26, 2014

Ayer por la mañana me decidí. Ahora que tengo una bicicleta con ayuda eléctrica, me fui a Sevilla. Abrigadito, que hace frío.

http://runkeeper.com/user/727928558/activity/296511928 
(corta y pega en el navegador para ver la ruta, seguro que se puede hacer de otro modo, pero no lo he encontrado aún).


Ángel abrigado y con escarcha en el bigote
Desde hace tiempo tenía ganas de ver cómo se llega a Sevilla por el camino de la Pablo de Olavide. Sale desde el Puente del Dragón, y corre al lado del río. Hasta llegar al canal (un canal, no sé), que cruzas por arriba y lo sigues hasta la Universidad por la derecha.

Pensé en ir haciendo fotos, una por cada kilómetro. O cada vez que viera algo interesante, a modo de guía para el que quiera hacer el camino. Pero el contactor del motor, que ya se estropeó y pensé haber arreglado definitivamente me dijo, cerca de la UPO, que nanai de la China, que seguía sin funcionar.

El Guadaira por la mañana. 

Los cinamomos.
Salí por el IES Albero, y allí me acordé de poner en marcha el RunKeeper en el teléfono. Me gustan las mañanas frías, con la medio niebla del sol que empieza a calentar el rocío mañanero. El invierno hace que los colores vayan cambiando y nos sorprende con los matices de los cinamomos sin hojas, pero con sus ¿frutos? ¿bayas? ¿semillas? colgando en esplendor.



Una vez puesto en marcha RunKeeper, falta por coger satélites el GPS del teléfono. Paciencia.

Ya metido en el camino hacia el Puente del Dragón, y con la bici haciendo un trabajo fantástico, el GPS coge satélites y empieza a grabarse el trayecto.
No me acostumbro al ojo vigilante del Dragón, condenado a mirar a la princesa Aíra por la eternidad.
 En el puente bajo por la izquierda y me meto por el carril. Está todo muy bonito, sus bancos, sus árboles, sus baches, sus charcos, sus ramajos por todas partes. Probablemente se trata de que nadie se pone de acuerdo en a quién le toca cuidarlo. Seguro que pronto estará hecho todo un verdadero fietspad...


El castillo. Parece algo. Como si siguiera vivo.


En el cartel, con un poco de suerte, se puede ver el camino. 
 El problema con el cartel es que no te puedes acercar a él. Está todo lleno de fango, como en el chiste del lepero y la discoteca. Además no me concuerdan los números de mis múltiples instrumentos con los del cartel. Pero ayuda tener una visual previa de a qué te enfrentas.


Mi bici, una Wayscral 300, fruto de trueque.

La bici es una bicicleta eléctrica china. Lo menos que se despacha en tecnología. Baterías de plomo (10Kg.), bastidor de acero, seis velocidades Shimano del siglo pasado o del anterior. Pero funciona increíblemente bien (cuando funciona) el nivel uno de empuje es para que se te pongan las piernas fuertes, el dos empuja y el tres da caña. En las subidas hay que dar pedales con ganas. Hay que tener en cuenta que somos los cuarenta y cinco kilos de bici, con todos sus rozamientos (gomas gordas, frenos que no hay quien ajuste del todo, la postura elevada, entre otras cosas) y los cien kilos del ciclista, más el candado, las luces, la cesta, etc... Cuatro ciclistas del Tour, en resumen.

Pero tiene a su favor que es resistente como nada. Buen acero. Y que la postura de pedaleo es magnífica para mi espalda. Voy completamente erguido, con lo que, aunque no hago tanto fuerza como si fuera agachado, puedo pedalear durante más tiempo y disfrutar del paseo, en vez de ir pensando en cuándo leches se va a acabar la tortura.

 El camino, con las lluvias y el descuido es propio para lo que va por él. Para bicicletas de montaña con gente superpreparada y con equipaciones fantásticas.

Algunos se preguntan que cómo es posible que una bicicleta de paseo, con pinta de tanque ruso, pueda seguirles el paso con toda calma.

La teoría del supermán se derrumba cuando ven la batería y el motor. O cuando escuchan el zumbido de éste.

Y ya cada uno tiene su reacción. Con Quevedo afirmo que "ande yo caliente y ríase la gente". Disfruto como un niño. Ir en bicicleta siempre me ha gustado. Ahora vuelvo a poder. Cuando me vuelva a poner en forma, a lo mejor pienso en buscar una bicicleta (con la misma postura) más ligera, con más cambios, mejores frenos y ¡menos peso! Pero a lo mejor no. Se va de lujo.


El sol sale y va calentando. Me quito el polar, porque empiezo a sudar y prefiero tener algo con que taparme cuando me pare.

RunKeeper me da el ritmo medio. Menos de seis minutos por kilómetro. Teniendo en cuenta que me voy parando a hacer fotos y que voy de lo más tranquilo, sin pasar de los quince kilómetros por hora, me parecde un buen ritmo.


La SE 40.
 Sube mucha gente desde Sevilla. Bajar bajan menos.

Ahora, como curiosidad. No me encuentro a ninguna mujer, ni joven ni mayor, hasta casi llegar a la UPO. Se ve que el sábado por la mañana sigue siendo masculino. No parece que la emancipación de la mujer o las tareas compartidas haya llegado a estas familias. O a lo mejor es que no les gusta montar en bicicleta...

Por favor, en el comentario anterior nótese la ironía, por si acaso.

Contrasta la obra impresionante de la SE40 con el barro y los baches del camino de las bicicletas.

¿Veré terminada la SE40?



 El puente-canal por el que hay que pasar para cruzar el río hacia la margen izquierda y coger la orilla del canal.

Por aquí empezaron los conectores a dar la lata. La bici se apaga, la bici se enciende, subir una cuesta, por pequeñita que sea es una duda (a pedal puro, me empujará el motor o se quedará a mitad) Se queda a mitad, siempre.

La rodilla izquierda me duele. Lo de dar pedal no va con ella, protesta, se queja, hacer ruidos. Me lo tomo con calma. Hago la última foto, no tengo cabeza para ello.

La UPO. desde aquí, a empujar los cuarenta kilos de bicicleta.

A partir de aquí, me voy a la tienda de QuiqueCicle, a comprar un caballete de dos patas para la bicicleta y un candado. Me acerco también a una ferretería, a comprar lo necesario para arreglar el conector. 
Y de allí a Sevilla Este, a ver a mi Fati en la pelu, cargar la batería y empalmar en condiciones los cables, quitando el conector, que no sirve más que para dar la lata. Cuando cojo la avenida de las Ciencias para arriba, es la batería la que empieza a fallar. Son los contactos, que no hacen su trabajo, contactar. Los suplemento con unos trozos de cable de cobre y ¡milagro! la bicicleta no da más la lata hasta llegar a casa.

La vuelta, por la carretera, es fantástica. Me doy el lujo de adelantar a todo ciclista viviente (no había ningún pro, claro). 

Es curiosa la forma en que empuja el motor. A partir de los 23'5 Km/h, según mi cuentakilómetros, deja de empujar. Cuando baja, sigue empujando. Con lo cual, en llano o en subida poco fuerte, ésa es la velocidad de crucero sin darle fuerte a los pedales. Suficiente para mí.

lunes, julio 02, 2012

No hay quien lo entienda

Entre el teclado chico y el corrector automático del iPad no hay quien entienda lo que escribo. Como además, no puedo subir fotos, me lo voy a tener que tomar con más tranquilidad!

domingo, julio 01, 2012

Ya estamos volando. Después de un buen rato de espera Irlanda ¡allá voy! No es que me atraiga especialmente este país en un primer momento, hubiera preferido Londres. Seguro que Paula también hubiera preferido Londres, que está Camden Town. Pero me toca Dublín, y no me voy a quejar, porque es un regalo extraordinario. El viaje en coche impecable, todo el mundo a su hora. Algo menos de dos para. Llegar al aeropuerto. El embarque se suponía a las doce y veinticinco, ha sido a las una y treinta. Asiento 13H. Delantero, en pasillo. El avión es un Airbus 330, de los de filas de dos, cuatro, dos asientos. Aquí hay más gente que en el colé, seguro. Hemos despegado a las dos menos cinco. Se suponía que la hora de salida era las una menos diez. El piloto dice que va a correr más, para recuperar un poco de retraso. Llevo una pantalla delante, con el mapa y estamos a la altura de Albacete Ana las dos y veinte. En el avión, menos la pantalla, todo es de pago. Y dejan escapara u olor a comida rica, de pago, que es una tortura. Menos mal que tengo mis palitos de apio para consolarme el hambre y los movimientos de gases que llevo. Por cierto, los irlandeses que van en este avión han tenido hijos como nadie. Los hay por todos lados. Pero no arman tanto escándalo como si fueran españoles, eso sí. Lo dejo, que me mareo. El tipo del asiento de ventanilla que llevo al lado duerme desde que salimos de Málaga, y me parece que no va a parar. A ver si le echo una carrera. En vez de echarle una carrera, me he tomado un té. La cucharita tiene un cuchillo en el mango, con lo cual me he podido tomar un kiwi. Y después e comprobado lo guay que son los servicios del avión. A escribir un poco, despacio, con el teclado dividido. 14:24 estamos a la altura de Gien! Hora irlandesa, a partir de ahora. Hemos llegado con sólo treinta y cinco minutos de retraso. El piloto ha corrido. Aquí es el invierno. Frío, algo de lluvia, cielo gris. El hotel de Dublín, pero muy bien. La cena, a las siete, califiquemosla de pobre. Un platito de pasta con verduras y una manzana. Dos pintas de cerveza y al LUAS (tranvía ligero) al centro, solito. El centro de Dublín me recibe con el guarda cerrando el parque, pobres pidiendo por la calle y poco más. Es como un pueblo grande. But it's wonderful world! Más fotos en www.facebook.angelgeldhof Me vuelvo, no entiendo lo que dicen en el tranvía, el gaé, que solo lo habla la locutora del LUAS es infernal. He hecho algunas fotos. Ahora las veo y las subo. El internet del hotel funciona poco. No vale para FaceTime...

viernes, junio 29, 2012

¡Cambio de trabajo!

Aprovecho que estoy con gastroenteritis para ir poniendo al día el blog. El domingo, si todo va bien, cojo el avión para ir a Dublín, en Irlanda. Quince días de curso de inglés intensivo.
Al mismo tiempo este uno de julio cambio de trabajo. Salgo del CEIP Hermelinda Núñez, donde he pasado dos años de padre, dos años de secretario y otros tres de jefe de estudios. A partir de este día me enfrento con un nuevo reto profesional, el de dirigir un colegio nuevo (o casi). Después de que a la anterior directora del CEIP Oromana de Alcalá de Guadaíra le hayan hecho la vida imposible, con continuos insultos y descalificaciones de lo más injusto (visto lo que llevo visto en este nuevo colegio, su trabajo ha sido enorme y bueno) y de encontrarse sin apoyo donde más debería haberlo tenido, me toca a mí coger su relevo.
El futuro hasta mi jubilación se abre de un modo distinto. Si todo va como previsto, el viernes pasado, el 22 de junio de 2012 di mi última clase de docencia directa. A partir de ahora me toca ser el representante de la administración y la cara visible del Colegio de Educación Infantil y Primaria Oromana (es un nombre no definitivo, por ahora) El curso que viene lo abriremos con ocho unidades, todas de infantil. Tres de tres añitos, tres de cuatro añitos y dos de cinco.
Ya tengo las llaves y el teléfono... Cuando vuelva de Irlanda, el día 17 de julio, me hago cargo del todo.